La historia de Katie no es la de una chica que busca el amor, sino la de una mujer que huye por su vida. Su esposo, Kevin, personifica la forma más extrema de dependencia. Él no la busca porque la extrañe, sino porque necesita tener el control absoluto sobre ella para sentirse seguro. Cuando ella se va, él pierde su propósito y cae en una espiral de autodestrucción, lo que demuestra que el abusador suele ser el más dependiente de los dos.
- La codependencia del abusador
Lo más impactante de Safe Haven es cómo retrata la mente del que persigue. Kevin, el esposo de Katie, es el ejemplo perfecto de una dependencia tóxica. No es que él “ame” a Katie en el sentido sano de la palabra; él depende de tenerla bajo su control para sentirse alguien.
Cuando ella escapa, él pierde el juicio. Usa su poder como policía y su tiempo personal solo para rastrearla. Esto nos invita a reflexionar: ¿qué pasa cuando la identidad de una persona depende totalmente de dominar a otra? Kevin no sabe quién es sin Katie a quien controlar, y esa es la forma más peligrosa de obsesión.
- Volver a confiar
En medio de su huida, Katie conoce a Alex, un viudo que también carga con su propia tristeza. Aquí es donde el debate se pone interesante para el lector. Al principio, Katie tiene miedo de acercarse, y con razón. Su instinto de supervivencia le dice que confiar es peligroso.
Sin embargo, a medida que Alex la ayuda y la protege, surge una pregunta clave: ¿Está Katie sanando de verdad, o simplemente está buscando a alguien “bueno” que la cuide porque no sabe estar sola después de tanto trauma? La película juega con esta línea delgada, aunque al final nos muestra que el apoyo de Alex no busca anularla, sino darle la fuerza que ella ya tenía dentro para defenderse.
- Más que un final feliz
Aunque la película tiene momentos muy dulces, el mensaje de fondo es sobre el valor. Escapar de una relación codependiente y abusiva no termina cuando te subes a un autobús, termina cuando logras sacar a esa persona de tu cabeza y dejas de sentir que le perteneces.
Safe Haven nos enseña que el camino hacia la paz es largo y que, aunque es válido recibir ayuda, la verdadera “salvación” viene de nuestra propia decisión de no volver nunca a un lugar donde nos hicieron sentir pequeños.

Sofia Carriles Montero
Estudiante de psicología.
Universidad La Salle.

