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¿Sientes que no mereces nada bueno? La herida de la injusticia.

Recibes un cumplido y lo minimizas. Te ofrecen ayuda y sientes que no deberías aceptarla. Si te cuesta recibir cariño o un simple “lo hiciste bien” sin sentir desconfianza, no eres la único.

Esa carga de tener que ser perfecto para que te quieran, esa sensación de que si la gente supiera cómo eres se alejaría, es el peso de una vieja herida. Hoy, vamos a ponerle nombre.

 

¿Qué es la herida de injusticia?

Este sentimiento tiene un nombre: la herida de injusticia. Popularizada por Lise Bourbeau, es un marco de autoconocimiento que nos convence de que la felicidad y el amor son premios que aún no hemos ganado.

 

El Origen

Nace en la infancia, en entornos de frialdad y exigencia. El mensaje que el niño graba es devastador: “No soy valioso por quién soy, sino por lo que hago”. Es la injusticia de que el amor fuera condicionado. Para sobrevivir, el niño aprende a desconectarse de lo que siente.

 

La armadura – las consecuencias hoy

Esa herida crea una armadura: la máscara de la rigidez. Es una coraza de perfección construida sobre la creencia de que, si no cometes errores, nadie podrá tratarte injustamente otra vez. Esto se manifiesta como una autoexigencia implacable donde descansar provoca culpa. Te vuelves experto en dar, pero recibir te incomoda, reforzando la idea de que estás solo en esto.

 

¿Cómo reparar esta herida?

Sanar es convertirte en el adulto compasivo que necesitabas.

  • Primero, observa sin juicio. Cuando te caches rechazando un cumplido, solo nótalo. Ponerle nombre a la conducta le quita poder.
  • Segundo, sé flexible. Permítete un “error”, entrega algo al 95% en lugar del 110%. Demuéstrale a tu sistema nervioso, que no necesitas la perfección para estar a salvo.
  • Tercero, reconecta con tus emociones. Permítete sentir la rabia o la tristeza reprimida. Llorar no es debilidad, es liberación.
  • Cuarto, equilibra el dar y recibir. La próxima vez que te hagan un cumplido, respira y di “Gracias”. Cada vez que aceptas ayuda, desmontas la creencia de que no lo mereces.

 

Conclusión

La sensación de que no mereces nada bueno no es una verdad sobre ti. Es el eco de un niño tratado injustamente. Tu valor no es negociable; es inherente. No depende de tus logros.

El camino es aprender a tratarte con la justicia y compasión que siempre debiste recibir. Si esto resonó contigo,  dejame un comentario y comparte este blog, para que más personas lo encuentren.

 

¡Porque te mereces todo lo bueno, sin condiciones!

Paola Rivero

Psicóloga clínica, especialista en adicciones y buscadora en recuperación

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