Hoy en día podemos hablar de muchos temas abiertamente como: trauma, terapia, infancia, cosas que nos han pasado y cosas que aún estamos superando. Ya casi todo es tema de conversación, en grupos de amigos y familiares cercanos.
Excepto cuando la relación con tu madre es dolorosa, por que la norma cultural dicta que lo guardes. Y es que cuando alguien se atreve a mencionar a una madre cruel, negligente o ausente, inmediatamente alguna persona dice que esa mamá hizo lo mejor que pudo. Que se sacrificó por ti. Que solo tienes una madre. Y mensos, si ha fallecido, puedes hablar mal de ella.
La resistencia viene tanto de fuera de uno mismo como de dentro. Y sobre todo, si eres mujer.
¿Por qué no lo hablamos?
Criticar a una madre puede parecer un sacrilegio, pues se critica a quien nos dio la vida.
Muchos de nosotros también fuimos educados para proteger los sentimientos de nuestras madres por encima de los nuestros. Para un niño, guardar silencio no se trata tanto de lealtad como de supervivencia. La necesitabas. Así que aprendiste a no decir nada.
¿Qué sucede cuando guardamos silencio?
No puedes curar aquello a lo que no nombras.
Las heridas maternas salen a la luz de forma indirecta cuando eres adulto. Moldean cómo te relacionas con otras mujeres, cómo recibes cuidados y qué toleras en tus amistades y relaciones de pareja.
No tienes que odiarla para tener una herida.
Antes de comenzar cualquier trabajo sobre una herida materna, date permiso para el trabajo en sí misma.
Puedes amar a tu madre y haber sido lastimada por ella. Esta herida no necesariamente tuvo que venir de un abuso extremo.
La negligencia deja sus propias cicatrices. Si tu madre nunca se responsabilizó de sus actos ni asumió la responsabilidad de sus fallas, es posible que cargues con una herida activa que se manifieste en tus relaciones adultas.
Nombrar los patrones dolorososos no es acusar a nadie. Ya que, e ste trabajo se centra en ti. Y el objetivo es comprender, no culpar. Los adultos que nos criaron son responsables de su parte, pero culparlos no te libera. Ya eres adulto. El trabajo es tuyo.
Si esto te ha generado alguna duda, puedes comenzar tu trabajo interior uniéndote a mi CÍRCULO DE PSICOTERAPIA o en mi WORKSHOP PARA SANAR MIS HERIDAS DE LA INFANCIA.

Paola Rivero
Psicóloga clínica, especialista en adicciones y buscadora en recuperación

